¿Es Keynes el más importante economista del siglo XX?


Si hablamos del  economista que ha marcado la segunda mitad del siglo XX ha sido John Maynard Keynes o simplemente Keynes.
Las teorías de Keynes fueron tan influyentes, aun siendo disputadas, que hoy en día todo un subcampo de la macroeconomía llamada economía keynesiana continúa desarrollando y discutiendo sus teorías y sus aplicaciones.
Su obra central, la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, desafió el paradigma económico dominante cuando se publicó en 1936. En este libro, Keynes presenta una teoría basada en la noción de demanda agregada para explicar la variación general de actividad económica, tales como las observadas durante la Gran Depresión de los años 30. Según su teoría, el ingreso total de la sociedad está definido por la suma del consumo y la inversión; y en una situación de desempleo y capacidad productiva no utilizada, «solamente» pueden aumentarse el empleo y el ingreso total incrementando primero los gastos, sea en consumo o en inversión.

La cantidad total de ahorro en la sociedad es determinada por el ingreso total y, por tanto, la economía podría alcanzar un incremento del ahorro total, aun si las tasas de interés se bajaran para estimular los gastos en inversión. El libro abogaba por políticas económicas activas por parte del gobierno para estimular la demanda en tiempos de elevado desempleo, por ejemplo a través de gastos en obras públicas. El libro se considera a menudo como el fundador de la macroeconomía moderna. Los historiadores concuerdan en que Keynes influyó en el New Deal del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, pero discuten aún sobre el grado de dicha influencia. Una política de gasto deficitario como la emprendida en el New Deal comenzó en 1938, que había sido llamada pump priming en 1932 por el presidente Herbert Hoover. Pocos economistas renombrados en los EE. UU. comulgaron con las ideas de Keynes durante los años 30. Con el tiempo, sin embargo, sus ideas fueron más ampliamente aceptadas.

Teoria Keynesina del desempleo (blog salmon)

Frente a esta visión liberal, la teoría keynesiana ofrece un análisis totalmente opuesto. Por un lado, señala que la principal causa del desempleo no se encuentra en el mercado de trabajo en sí mismo, sino en el mercado de bienes y servicios. Esto se debe a que la cantidad de trabajadores que las empresas están dispuestas a contratar está en función de la cantidad de bienes y servicios que esperan vender, y del precio de estos. Cuando la demanda no es suficiente, las empresas prescinden de trabajadores, generando así desempleo.
Los defensores de Keynes no aceptan la teoría neoclásica de bajar los salarios para reducir así el desempleo, sino que creen que estos se fijan independientemente del volumen del mismo. Así, las empresas sólo aumentarán su contratación cuando esperen vender más. Además, consideran que si se reducen los salarios se disminuye también la demanda e incluso, de forma que se creará más desempleo al disminuir la producción.
Para una mejor explicación de su teoría, los keynesianos introducen el concepto de “expectativa” y defienden que las empresas crearán más o menos empleo en función de dos variables: primero, las “expectativas” sobre la marcha de sus negocios y de la economía en general; y segundo, los tipos de interés, es decir, el precio de endeudarse, de forma que una política de tipos bajos como la actual favorecería la creación de empleo.
Con todo, estos economistas promulgan que cuando el mercado no consigue por sí mismo resolver el problema de la crisis y del desempleo, Papá Estado ha de irrumpir en la economía hasta lograr que la demanda y la inversión se recuperen, y con ello se reduzca el desempleo, aunque ello supongo un aumento del endeudamiento de las finanzas públicas. ¿Recuerdan el Plan E? Pues básicamente eso.

Los tipos de interés y los impuestos se convierten, de esta forma, en las herramientas utilizadas por el Estado para regular el empleo. A bajos tipos, mayores facilidades de las empresas para acceder a financiación y, con ello, a crear empleo. Sin embargo, ¿no puede dar lugar este dinero barato a inversiones poco rentables, poco productivas y totalmente ineficientes? La hemeroteca de los últimos diez años nos dice que sí.
Del mismo modo, a través de los impuestos se regula la actividad económica en el mercado de bienes y servicios. Sin embargo, ¿subimos impuestos para recaudar más, poder invertir más y así generar más empleo? ¿Bajamos impuestos para incentivar el consumo y con ello aumentar la producción y el empleo? Normalmente los gobiernos optan por la primera opción, pues el afán recaudador es máximo cuando no hay forma de cuadrar las cuentas públicas. Les vuelvo a remitir a la hemeroteca de los últimos diez años.
Por último, esta visión de la economía tiene un problema añadido: cuando se alcanza la plena ocupación, si es que se alcanza, el aumento de la demanda y de la inversión se traduce en un aumento de precios, es decir, en una inflación de demanda. No en vano, para Keynes no podía existir desempleo con inflación ni inflación con desempleo, pues eran incompatibles.

Bertrand Russell dijo de Keynes: «Es la mente más aguda y más clara que jamás conocí. Cuando discutía con él, sentía que mi vida pendía de un hilo y raramente terminaba sintiéndome algo muy diferente a un estúpido».

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