una concepto escondido mezclando running y gin tonics


Solo en España se celebran entre 3.000 y 3.500 carreras al año y la industria textil del running (calzado y equipación deportiva) factura unos 300 millones de euros en nuestro país, según NPD Group.

fuente: blog Bankinter

Yo también he caído en esto del running, parece que no me escapo de las modas que se imponen en esta sociedad nuestra. En el fondo no parece tan mala idea, sales a enfrentarte a tí mismo y al reloj. A ratos vas solo, otras vas acompañado y solo se trata como le oí a uno “de hacer cada vez una tirada mas larga” empiezas por 2 kilómetros y con tiempo te haces una marathón.  No creo que llegue a esto último pero hace dos año también decía que no me pondría a correr. A que se debe el auge ¿es barato y la crisis aprieta? quizá haya ayudado pero no es la verdadera razón, seguro que tiene más que ver con la crisis de los 40 o con las prejubilaciones o que la gente no sabe como ocupar su tiempo, y esto además engancha. Y toda la liturgia y la parafernalia que lo acompaña, efecto imitación.

Otro caso que también es ya un clásico moderno es el del gin tonic y toda su parafernalia, sobretodo si nos vamos al de las premium. En el fondo mucho de este consumo es un botellón de adultos, que con la excusa del Gin ameniza las sobremesas de muchas reuniones.

Las disertaciones sobre estos temas y otros muchos sólo tienen cabida en un blog si sirven para llegar a una enseñanza. En este caso creo que hay un lado una nota sociologica y económica. Estos gustos del running por ejemplo que se dan con la gente que conozco, la mayoría es novata y llega en esta edad cercana a la cuarentena.  Muestra que la gente todavía tiene ganas de ponerse metas y cumplirlas. Prepararse, sufrir para llegar a una meta. Aunque solo sea para una satisfacción del objetivo cumplido y preparar nuevos retos. O también para expresar esa imagen de estar a la ultima con todos los elementos que son de esperar. Esto era antes (no hace muchos años) un lujo de los ricos, esto de salir a runear, la crisis lo ha democratizado. Un consumo que nace como un consumo de élite (no me atrevo a decir que cumple el caso de un efecto veblen) que el snobismo y la imitación han acabado llevando a donde está.

Las últimas comidas con esta gente con la que hablo de lo humano y lo divino me dejan ver una generación de gente con mucha capacidad de emprender y trabajar muy duro. Algunos hemos pasado de lo mejor y lo peor. Alguna noche toledana. Hay también mucho esfuerzo para salir adelante, llegar a una meta y salir a correr de nuevo. Quizás ahora ya no salimos hasta las tantas, ahora quedamos muy pronto y nos vamos a una carrera. ¿cuál es la próxima?

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